PAUTA PARA FAVORECER LA MOTIVACIÓN
Sugerencias para Padres
Lo primero y más relevante a tratar cuando se consulta por “baja motivación” de un
adolescente por los estudios, es el origen de esta vivencia (o los factores que se
asocian a ello).
Tres aspectos se deben considerar:
1. La motivación se define como el impulso a actuar hacia una meta y SIEMPRE ESTÁ
PRESENTE.
2. Lo que varía es HACIA DÓNDE SE DIRIGE LA MOTIVACIÓN. De acuerdo a Maslow y
otros autores, la motivación se dirige primero a la satisfacción de necesidades
básicas (comer para saciar hambre, abrigarse para palear frío) y luego hacia la
satisfacción de otras más complejas (buscar afecto, autoestima, ser parte de un
grupo, ser reconocido socialmente, etc.).
3. Si no están resueltas necesidades básicas y emocionales, parece ser que la
motivación por el aprendizaje queda postergada. En este sentido, antes de asociar la
baja motivación por el estudio a factores propiamente escolares, debiese realizarse
un análisis sobre la calidad del contexto familiar (ambiente tenso o armónico),
disposición de los padres hacia el aprendizaje (expectativas sobre el hijo y grado de
apoyo o presión que ejercen, mediante un sistema de premios y castigos) y desarrollo
del autoconcepto académico del alumno (saberse capaz aumenta la motivación
mientras que una baja autoestima en este ámbito o reales dificultades serán una
variable interfiriente).
4. La verdadera motivación, a la que debemos apuntar en nuestros hijos, es la
motivación INTRÍNSECA, es decir, la que viene dada desde ellos y no la que
“aparece” por mecanismos como premios o sanciones (ambos externos).
Otra variable que afecta la dedicación al estudio tienen que ver con la
internacionalización de hábitos y normas de los padres. Si no se ha sido firme en la
delimitación de normas, límites y horarios para hacer las cosas, difícilmente en el
ámbito escolar el alumno sea autodisciplinado.
Cuando los padres no han logrado
posicionarse como autoridad, en general, tampoco serán efectivos en orientar a su
hijo hacia los propósitos y requerimientos escolares. En este sentido, el “problema”
del hijo, es tanto o más “problema” de los padres, y por lo mismo la solución está en
revertir modelos de crianza que han permitido su instalación.
Un factor asociado con lo anterior, que debe analizarse, es si producto de la actitud
del hijo los padres están centrando exclusivamente su relación en este aspecto. Esto
es algo que debe revisarse, pues puede: exacerbar un conflicto de base (“lucha de
poder” entre padres e hijo) o, si no es el caso, al menos agudizar la problemática.
Finalmente, un adolescente que no posee el hábito de estudio ni las estrategias
adecuadas para estudiar, parecerá “poco motivado”, al destinar al estudio poco
tiempo y de dudosa calidad, mientras que buscará otro tipo de actividades para
desarrollar (recreativas, sociales, etc.).
Si no hay logros al aplicar esta pauta de sugerencias en el plazo de tres meses,
convendría consultar un especialista psicólogo, de modo que pueda hacer una
evaluación y posteriormente dar apoyo con regularidad.
Ana María Bacigalupo Falcón ϕ Psicóloga Educacional
SUGERENCIAS PARA LOS PADRES
Como ya se señaló, se debe fomentar la motivación intrínseca de los jóvenes, sin
embargo suelen utilizarse sistemas externos para “motivar” o “controlar” el estudio.
Algunas motivaciones externas, que son frecuentes y perpetúan la escasa iniciativa
de los hijos:
• Premios materiales.- No es conveniente acostumbrar al hijo a hacer las cosas
por conseguir un premio (juguete, dinero, etc.) Un premio, alguna vez, puede
ser enormemente positivo, pero no puede ser lo habitual, pues se refuerza el
materialismo. Además, ocurre que cada vez hay que aumentar el valor del
premio para que siga siendo eficaz.
• Centrarse en las notas.- Lo fundamental no es sólo la nota obtenida, sino
comprender progresivamente que el trabajo es fuente de crecimiento. Es
importante valorar el esfuerzo y ver si ha obtenido los mejores resultados
posibles en relación con circunstancias concretas y su capacidad.
• Dar castigos o amenazar.- Cuando el adulto castiga o amenaza con
consecuencias predispone negativamente al alumno y además reduce las
posibilidades de que sea él quien tome la iniciativa, ya que sigue siendo el
adulto el que toma decisiones y controla la situación.
¿QUÉ HACER ENTONCES?
Favorecer diálogos o utilizar recursos como cuentos o reflexiones para dar sentido al
estudio y el trabajo.
Los refuerzos deben darse a las muestras del hijo por tomar la
iniciativa, pero no a través de premios sino de afecto, reconocimiento, tiempos de
privilegios y recreación de su interés.
Cuando la problemática es la “indolencia” por los logros en el ámbito académico, lo
primero que se debe prevenir es la instalación de una dinámica familiar centrada en
las notas (y por ello un sistema de premios y castigos).
Cuando un hijo muestra esta actitud, probablemente nuestra relación cambia y
empieza a girar en torno a ello; dejamos de hacer nuestras cosas para apoyarlo
incansablemente (hacemos promesas, premiamos el “deber”, “chantajeamos” o nos
sentamos con ellos por horas para asegurarnos que lo hagan bien) o bien intentamos
revertir la situación por medio de castigos y amenazas.
De cualquier forma, se
refuerza un sistema de motivación externa (en que el adolescente sigue siendo
motivado desde fuera, por otros). Por otro lado, cuando el castigo y la amenaza
sobresalen, se genera un distanciamiento afectivo y un desgaste en la relación entre
padres e hijos.
Se debe tener presente que no es lo mismo exigir que despertar la motivación.
Pero para generar motivación tampoco se debe hacer todo por el hijo.
La
sobreprotección y el autoritarismo “matan” la motivación instrínseca.
ENTONCES... ALGUNAS CLAVES PARA LOS PADRES...
1. Aproximarse y fortalecer la comunicación con el hijo.
La necesidad de sentirse satisfecho consigo mismo (autoestima) debe estar saciada
para que la motivación se dirija al aprendizaje. Entonces, procure que su hijo se
Ana María Bacigalupo Falcón ϕ Psicóloga Educacional
sienta cómodo consigo mismo, confiado en sus habilidades y hágale saber a diario lo
valioso que es para usted., independiente de su rendimiento académico.
Resultará necesario en este proceso de ayuda, establecer diálogo positivo con el hijo,
conocer las preferencias reales de su hijo, las dificultades, lo que le motiva o
desmotiva. Esto no sólo permitirá afianzar la relación, sino también identificar algún
conflicto o problema (si lo hubiera), aprenderá a comunicarse mucho mejor en
facetas de su hijo que desconoce, creará une espacio de confianza entre su hijo y
usted.
2. Mostrar interés por el hijo y por lo que hace.
Pregunte qué ha aprendido, desde la primera hora de clase a la última. Interésese
igualmente por los recreos.
Observe como cambia su énfasis. Insista en que es muy
importante lo que está aprendiendo, métase en su vida de cada día...
Si le comenta problemas de geometría de la clase de matemáticas comente la
importancia del rectángulo para hacer un campo de fútbol (si es su deporte favorito)
o si le interesa la naturaleza y le comenta cosas de Conocimiento del Medio, trate de
establecer una conversación sobre los ríos que conoce, las montañas, el espacio.
Si le
comenta una clase de idioma, enséñele algo de vocabulario, hágalo divirtiéndose con
él.
Un niño no puede apasionarse o motivarse por el estudio si sus padres no se interesan
por lo que él hace. Máxime si observa en casa que las actividades de un hermano
mayor, o de los padres son seguidas con interés o se habla de esto o lo otro que es
importante...
3. Normal los espacios y tiempos.
Los límites son necesarios ya en la pequeña infancia, pero es en la adolescencia
cuando no se debe “aflojar” en ello. Los permisos para salir con amigos, los tiempos
de permanencia en el computador, videojuegos o TV deben estar normados y de
acuerdo con los requerimientos que se le hacen y especialmente con las
responsabilidades que se le confieren. De hecho, el tiempo de pantalla (cualquiera
sea) no debiera exceder de dos horas diarias.
Es deseable a la edad de su hijo que tenga responsabilidades en el hogar. Esto puede
comenzar por hacer diariamente su cama y mantener ordenada su pieza. Sobre eso
ocasionalmente se le pueden encomendar tareas como ir a comprar, regar el jardín,
poner o levantar la mesa, etc.
Otra de las responsabilidades es la que atañe al estudio. Esto deseablemente debe
estar normado y él debe cumplir (al menos un tiempo diario de una hora para repaso,
tareas o estudio).
Cuando no cumpla con lo establecido, seguirán “consecuencias
naturales” de su falta: si no estudió a las 16, deberá hacerlo a las 18 hrs.,
independiente que a esa hora den en TV su programa favorito. O si no estudió hoy
jueves lo deberá hacer el viernes o el sábado, lo que lo privará de otras actividades.
Lo importante con esto es que la transgresión a las normas establecidas tenga,
deseablemente, “consecuencias” y no “castigos”. La diferencia está en que las
consecuencias son predecibles (están explícitas desde antes) e implica reparar la
falta, mientras que los castigos son dados por un agente externo, lo que muchas
veces para el adolescente resulta arbitrario o injusto y produce conflicto.
Ana María Bacigalupo Falcón ϕ Psicóloga Educacional
4. Técnicas para incrementar la motivación al estudio (Salas Parrilla, 1990):
→ Buscar objetivos y diseñar medios para lograr conseguirlos: diseñar objetivos
próximos que mantengan el interés en el estudio a lo largo del año.
→ Emplear técnicas activas: estudiar apoyándose en subrayado,
esquematización, resumen, hacerse preguntas e intentar resolverlas, etc.
→ Procurar hacer del estudio un hábito: estudiar todos los días a la misma hora
y en la misma habitación. Evitar los distractores. Gratificar los objetivos
cumplidos. Concederse pequeños premios cuando consiga objetivos
planificados. Si no está instalado, hacer un sobreesfuerzo inicial: Los primeros
días son los más difíciles de todos.
→ Desarrollar la curiosidad: se atiende mejor a aquellos temas que más
interesan y esto se traduce en una mayor facilidad para entenderlos. Si la
asignatura o tema es valorado como “pesado” y carente de interés se debe
buscar puntos de interés que despierten la curiosidad y utilizar para el estudio
las técnicas activas. +
→ Hacer parte a los involucrados: si hay fracasos académicos (una o más
asignaturas) conviene analizar la situación entre padres, profesor jefe y tal
vez un orientador, considerando: que puede haber crisis en la familia que lo
afecta, que no se siente competente, que no está estudiando lo suficiente,
que hay mala base de conocimientos o que no se está empleando las técnicas
de estudio adecuadas.
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